Un trail en primera persona: 72 kilómetros en Canencia

El pasado 4 de julio, el lobo Israel Gras desafío al calor, al desnivel y a los kilómetros, para terminar el Trail de Canencia. Dejamos aquí abajo su crónica de la prueba.

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Nervios y euforia antes de la salida

Me levanto a las 6 de la mañana para desayunar unos cereales y revisar si falta algo por guardar en la mochila de hidratación. Meto el agua congelada y poco después se levanta mi niña. No ha hecho falta ir a su cama para despertarla. Ha venido sola y la veo sin sueño, sonriendo al ver a su padre inmerso en los preparativos previos a un reto que no sabía si podía irme grande. Verla me motiva y da fuerzas para la carrera. Para completar la presencia familiar en la carrera, recogemos a mi madre y nos vamos para Canencia.

Las semanas previas han sido de mucha carga de kilómetros, pero compruebo que voy sin ninguna molestia, una alegría que no evita que los latidos ya vayan más rápido de lo habitual. Al llegar, recojo el dorsal, tomamos un café y para la salida. Allí me encuentro a muchos corredores con los que he entrenado para la Madrid-Segovia. Todos nos deseamos suerte. Tomo las últimas fotos y me despido de mi hija con besos antes de salir. Espero volver a verla en unas horas con el reto ya en el bolsillo.

Arranca la carrera y por salir de los primeros el kilómetro inicial me sale en 4’13” con los que van hacer la carrera de 38 km. Me voy encontrando bien y soy consciente de que voy a un ritmo algo superior a lo que debería en una carrera tan larga. Los primeros 20 kilómetros, por senda y bordeando el embalse de la Pinilla, salen en 1h 38′. A partir de ahí empezamos a subir casi hasta el 30 alcanzando los 1.859 metros de altitud. En esa parte hago tramos andando rápido y bebiendo mucha agua. Sin darme cuenta estoy en el km 38. Allí está la plaza del Ayuntamiento, donde está la salida y mi equipo de asistencia formado por mi madre, mi Ali y Laura, la novia de un colega que corre los 38 kms y de momento no ha llegado . Me cambio de camiseta, como un poco de puré y, sin descansar, inicio la segunda parte del recorrido sin saber que en ese momento voy con el tercer clasificado.

Me habían dicho que la segunda parte de la carrera era mas fácil, por eso en ese primer tramo no me corté en dejarme llevar y aumentar la velocidad. Mi gozo en un pozo. Nada más salir, una pedazo de cuesta me pone a andar bajo un sol de justicia y sin una sola sombra bajo la que cobijarse. Paso por el km 40 en 3h 56 minutos, por lo que calculo satisfecho que cada hora hago unos 10 kms. Subir a la una de la tarde con ese solazo inmenso arriba se me hace duro, y aunque los músculos van bien, empiezo a tener pequeños bajones de ritmo y buscando concentración para evitar perderme. Justo en el kilómetro 46 levanto la vista que llevaba clavada en el terreno con demasiada confianza. He seguido un camino que puede ser el equivocado porque no hay señales a la vista.  Me paro y por suerte veo a una familia junto a un chalet, a la que pregunto si han visto pasar corredores y me dan la peor de las respuestas posible. Me he perdido.

Me toca dar media vuelta súper jodido ,desilusionado y perdido. Entonces veo a un corredor que conozco, se llama Javi y es de Segovia. Le comento que voy perdido y me ayuda a encontrar la buena ruta acompañándome hasta el avituallamiento del km 50. Muchas gracias desde aquí. Aún falta una distancia superior a la de la media maratón para terminar y empiezo a sentir un dolor en la parte de atrás del cuadriceps. Paro y me echo réflex en la zona. Tras esos bajones de ánimo por haberme perdido, llega una buena noticia, nos dicen que vamos 5º y 6º. Solo enturbia mi alegría la preocupación por el dolor muscular, que me impide seguir a Javi por unos momentos. Llegan bajadas muy pronunciadas y me lanzo como un loco. Adelanto a Javi y cuando parece que voy solo hacia adelante me vuelve el dolor en el cuadriceps. Vuelta a parar y vuelta a ver la espalda de Javi. Menuda batalla me espera. Este tramo de carrera es de subidas y bajadas y me viene fatal para mis músculos.

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Formé un buen equipo con Javi

En este juego continuo de gato y ratón al que parecía jugábamos Javi y yo, otra vez le pillo y lo adelanto, pero sobre el km 55 me encuentro una fuente en alto y me paro a recargar agua y mojarme la cabeza y las piernas. De repente llega Javi y pasa sin parar y yo pienso con una sonrisa, qué tío, otra vez me toca ir detrás de él. La fuente me dio la vida y me recupero momentáneamente de mis dolores para ir otra vez a por Javi, que ahora me sacaba mas distancia. Para cogerle corro en las cuestas y bajo rápido pero sin volverme loco para evitar el dolor, al que los gemelos parecían querer sumarse.
En torno al km 58 atravesamos un pueblo y tengo a Javi a la vista, pero opto por recuperarme del esfuerzo de la persecución. Si él andaba, yo igual, si corría, yo también. Él miraba para atrás como diciendo “joder con el nota este, no puedo con él, que pesado”. Ya sobre el km 59 lo cojo y le propongo ir juntos y jugarnos la posición al final para dejar esa lucha sin sentido que llevamos desde hace varios kilómetros. Acepta encantado y me dice que me deja pasar, que me lo merezco después de haberme perdido. Llegamos al km 60, paramos en el avituallamiento, me tomo tres vasos de coca cola que me sientan muy bien y sigo con mi réflex aunque el haber andado un rato me ayuda a tener menos dolor. Nos dice la chica avituallamiento que el cuarto nos saca 15 minutos y eso hace que estemos más tranquilos en la parte final. Justo después nos encontramos una subida por piedras muy dura que casi nos revienta a los dos, pero al ir juntos, si tenemos que que parar, lo hacemos ambos y no hay problema, vamos como un equipo. Después de esa gran subida, lo que queda es bajada y la hacemos corriendo despacio. Las piernas están muy castigadas y la marca ya es lo de menos.
Llegamos a la fuente donde queda mas o menos 1 km. Veo el móvil y compruebo que llevo 74 kms, me van a salir tres más por haberme perdido, qué rabia. Nos vamos directos a la meta y justo a la entrada al pueblo vemos a un chico gritando a lo lejos, cuando me acerco veo que es mi amigo Nacho, que me espera sin parar de animar. ¡Gracias crack! Ya en la recta de meta Javi se queda algo atrás y voy directo a la meta con Nacho al que le dejo mi móvil para que grabe esos momentos tan especiales después de la paliza. En los últimos metros veo a mi hija, que se me acerca para entrar juntos en meta. Veo la emoción en los ojos de mi madre al verme llegar, y se me ponen los pelos de punta al darme cuenta de que he sido capaz de hacer tantos kilómetros y ser 5º. Increíble llegada. Me quedo en la meta esperando a Javi para abrazarle. Ha sido un gran compañero de carrera y además es una gran persona. Sigo junto a la meta y veo llegar a otro amigo 7º clasificado. La inesperada sorpresa final llega cuando me dicen que he sido 2º en categoría senior, lo que significa volver a casa con una copa bajo el brazo.
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Subir al podio siempre es especial

Pues este es un poco el relato de lo que fue mi carrera, dar las gracias al #villalobosrunningteam por todo su apoyo y a todos los que habéis estado atentos a mi carrera . En especial mi niña ALIONE, mami, Nacho, Javi, Laura, Carlos, David y un largo etcétera.
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